El Sevilla FC de Jorge Sampaoli ha firmado en la primera vuelta uno de los mejores arranques ligueros de la historia del club. Tras una época exitosa en la que, con Unai Emery al mando, el conjunto hispalense lograba 3 Uefa Europa League consecutivas en los 3 últimos años y un verano bastante movido en las oficinas, donde llegó a rumorearse la salida del Director Deportivo y buque insignia del club, Monchi; el argentino llegaba a Sevilla con buen cartel en Sudamérica, pero sin experiencia en Europa.

Control del juego a partir de la posesión del balón, la intención de atacar mucho y llegar en muchas ocasiones a la portería rival y una presión tras pérdida muy agresiva son las señas de identidad que caracterizan al técnico.

Los aficionados sevillistas se mantenían, en un inicio, expectantes ante los planteamientos del nuevo entrenador que variaba de jugadores y de sistemas de juego en cada partido, e incluso, durante el transcurso de los mismos.

Pero ahora pasada la primera vuelta y con el equipo tercero en Liga (a 1 del Barça y a 4 del Madrid, aunque con un partido más que los de Zidane) y clasificado para octavos de Champions  pocos dudan de un entrenador que, aunque haya cambiado y vaya a cambiar de sistema innumerables veces a lo largo de la temporada, tiene muy claro a lo que quiere que juegue su equipo.

Y es que, aunque estemos acostumbrados a contarlo todo con números y podamos pensar que un equipo va a jugar más de una manera o de otra por el sistema que use, en táctica lo importante son los conceptos más que los sistemas de juego.

Un sistema de juego es como un número de teléfono o una dirección. Hoy en día se puede usar uno para atacar y otro para defender, se puede cambiar de un partido para otro o en el transcurso del mismo.

Lo que debe tener claro el jugador son los conceptos. Todos deben saber qué hacer y cómo hacerlo en cada situación del juego y en la posición que ocupe dentro del sistema que sea.

El sistema de juego es una forma de ordenación dentro del terreno de juego. Un claro ejemplo de ésto son los sistemas 1-3-5-2 y 1-5-3-2. Sin entrar en demasiados detalles tácticos, a priori, el primero es bastante más ofensivo que el segundo porque cuenta con dos centrocampistas más y dos defensas menos.

Pero, en realidad, la diferencia entre uno y otro es la actitud con respecto a los diferentes momentos del juego de los jugadores de banda o “carrileros”. Si tienden a incorporarse en ataque o conservan su posición retrasada pensando en la futura acción defensiva. Del mismo modo, fácilmente un equipo podrá usar uno cuando esté atacando y otro para defender.

En definitiva, el éxito del equipo de Sampaoli no consiste en saber jugar de maneras muy distintas en cada partido y ante cada rival, sino en saber organizarse en función de éste y de sus propios jugadores para jugar a lo mismo y solventar los problemas que se le presenten y así superar a su adversario en cada encuentro.