La frase que he elegido para titular este post podemos oírla cada fin de semana varias veces en los campos de fútbol base de todas las categorías. Y es que es un mal eterno del fútbol el culpar al árbitro de la derrota, y de la sociedad en general, echar balones fuera y las culpas a otro cuando las cosas no salen como uno quiere.

Además, lo de culpar al árbitro en las últimas fechas se está convirtiendo en “trending topic” en las redes sociales cada vez que juega el Real Madrid o el FC Barcelona. Además, son los propios profesionales los que a veces alimentan este tipo de suspicacias con sus declaraciones acusando, siempre sin pruebas, de la mala fe del árbitro de turno.

mateu lahoz

Cada uno defiende lo suyo, podemos pensar. Y en el fútbol profesional donde todo está tan protegido y existen ciertas medidas de seguridad, normalmente queda todo en anécdota y “comidilla” para los programas de prensa rosa deportiva o la tertulia de los lunes en el bar.

Pero ahora trasladémoslo a los niños y al fútbol base. En primer lugar, el mensaje “nos han robado” no deja de ser un discurso victimista en el que derivamos totalmente la responsabilidad del resultado en la actuación de un tercero. En este caso el colegiado. Valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo o el respeto de unas normas de comportamiento quedan en un segundo plano. Además, el joven jugador se acostumbra a buscar responsables externos cuando las cosas salen mal y se atribuye el mérito cuando salen bien.

Dando como resultado, al trasladarlo a la vida en general, a “pobrecitos” acostumbrados a buscar culpables a los problemas. Cuando deberían estar buscando soluciones. Soluciones que normalmente se encuentran en el trabajo diario y no en la búsqueda de excusas.

E igual o más peligroso resulta trasladar este hábito a los padres que se encuentran en el entorno del fútbol base.

Porque los árbitros que van a pitar en estas categorías no tienen más protección que lo que puedan escribir en el acta. Y a veces los que se sienten “robados”, se sienten legitimados a tomarse la justicia por su cuenta.

Y ¿perjudican y favorecen a los equipos? Claro que lo hacen. Pero por una sencilla razón: porque se equivocan. Y se equivocan porque arbitrar no es cuestión sólo de saberse al dedillo unas normas que la mayoría de los que critican, desconocen. Arbitrar es tomar decisiones importantes para el desarrollo del partido en muy poco tiempo, con jugadores que en muchas ocasiones intentan engañar para sacar beneficio para su equipo y en un ambiente generalmente hostil.

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Además, la mayoría de los árbitros de fútbol base son chavales jóvenes que acaban de empezar en ésto. Algunos que lo harán sólo por dinero, pero la mayoría que lo hacen por vocación y con el sueño de poder llegar a ser árbitros profesionales en un futuro.

Y que además de las 17 normas que deben aprenderse a la perfección, hay una no escrita que lamentablemente todos conocen antes de empezar. Y es la de que deben estar dispuestos a recibir insultos y amenazas.

Insultos y amenazas por parte de personas “normales” y civilizadas durante la semana que el fin de semana se convierten en expertos en fútbol y que descargan sus frustraciones personales sobre “el que va de negro y lleva un silbato.”

Imagínense a cada uno de ustedes realizando su trabajo en medio de insultos a vuestra persona o a vuestra familia. Apuesto a que no aguantan más de un mes en esas condiciones y que, durante el transcurso del mismo, se equivocan muchas más veces que si realizaran su trabajo en un ambiente favorable.

Charlando con árbitros, te cuentan que al visitar determinados campos, se ven obligados a aparcar su coche a varias manzanas de donde se disputa el partido por miedo a que se lo destrocen como represalia a su actuación durante el partido.

Que ésto ocurra en pleno siglo XXI resulta lamentable.

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Y ya si hablamos de la parte sexista de la cuestión, resulta aún menos comprensible. Cada vez hay más niñas y mujeres que están sintiendo vocación por el arbitraje y que se están animando a arbitrar y ésto es algo positivo. Esta temporada he encontrado en muchas ocasiones chavalas cumpliendo la función de árbitro asistente, pero sólo una vez el árbitro principal ha sido una mujer.

Pues una de una. El partido fue fuera de casa y el árbitro (chica) pitó un penalti a favor de mi equipo que a la postre acabó resultando decisivo para el resultado final. Y ni corto ni perezoso, un miembro del equipo rival identificado en el acta la “mandó a fregar” literalmente.

Puedo entender los nervios que todos tenemos, yo el primero, durante el transcurso de un partido. Y puedo entender por parte de un entrenador el juego psicológico de intentar “llevarse al colegiado a su terreno”. Pero lo que nunca podré entender es la falta de respeto. Sea la actuación del colegiado buena, mala o regular.

Primero porque el árbitro es una persona con derecho a equivocarse y que lo hace. Como tú, como yo, como tu hijo, como tu jugador. Y nunca se nos olvide que sin árbitro sería imposible jugar a un nivel competitivo.

Y segundo porque como entrenadores o padres, adultos en definitiva del fútbol base, somos el espejo en el que se reflejan los niños y si queremos una sociedad civilizada y educada en el esfuerzo, una sociedad tolerante y que salga adelante buscando soluciones a los problemas en vez de excusas . Y una sociedad en la que se respete al de al lado tal y como es con sus virtudes y sus defectos, tenemos que dar ejemplo.

Siendo el fútbol, como muchas otras cosas en la vida, es un escenario perfecto para hacerlo.